Thursday, December 08, 2005

La Piojera

Monumento de los Sentimientos de una Nación

Las banderas chilenas, los barriles de chicha, el piso oscuro por tanto vaso derramado, las mesas desordenadas con pequeños bancos de madera, el pipeño y los arrollados es parte de su ambiente, además su techo de paja donde los gatos y las moscas se pasean al son de la música popular, son un buen motivo para brindar día a día por la existencia de
La Piojera.


Son cerca de las 11 de la mañana de un viernes, la capital amanece despejada y parece que la angustia vivida en la última semana poco a poco se comienza a disiparse, al igual que la lluvia. Los primeros rayos de sol hacen avecindar que pronto llegará la primavera. El ambiente en las calles es de alegría porque el drama ya pasó, los malos ratos han quedado en el pasado y las casas se han ido secando.

En La Piojera el ambiente es similar de alegría y fiesta, el fin de semana está por comenzar. Ésta rápidamente se ha ido llenando, los primeros borrachitos se ven circular por el lugar, entre cantos y música popular celebran el fin de las lluvias y de una larga semana de trabajo.

Aunque para algunos los turnos laborales recién comienzan no dudan en tomar algo para hacer más ameno el trabajo:“nos venimos a tomar un par de copetitos antes de ir a trabajar”, dice Juan, o Juanito “pa´ los amigos” mientras deja sobre la mesa una mochila y unas cajas de dulces que aprovecha de ofrecer a los que visitan el lugar.

“Dos cañas de vino y una pichanga”, dice don Willy en el momento en que se acerca al mesón. Pareciera que ésta no es su primera copa por su sonrojada cara, sus labios con un leve tinte morado y el impactante olor a vino que se desprende de su cuerpo. Sus ropas un tanto rotas y cochinas hacen parecer que hace un par de días no se ha cambiado, “ese es el problema de ser de la calle” asegura, mientras con todas sus ganas toma un gran sorbo de su bebida favorita.

Atrayendo la vista de los asistentes en la cantina, entra un atractivo joven que viste de terno. Don Willy, con su característico sentido del humor bromea diciendo: “éste fue enviado por los cuicos para comprar el terreno”. Aunque sólo fue una broma, Juanito se atraganta con un pedazo de pichanga, luego de tomar un largo sorbo de la caña de vino, asegura “ya nadie puede comprar el terreno porque ahora es monumento”.

Para los chicos en la mesa, que agarran con fuerzas sus cañitas de vino, recordar este episodio no les causa mucha gracia porque ese fue uno de los momentos más tristes de su vida.

La última travesía que tuvo que pasar La Piojera para poder seguir existiendo, fue su inminente cierre en febrero del 2001, cuando se quería construir en su lugar un mall.

De alguna forma con la construcción de él se dejaba atrás una historia de poco menos de 100 años, una época donde los troles recorrían la ciudad, donde no había que ser todo un macho para poder andar por el barrio a las 12 de la noche sin ser cogoteado o simplemente en una época donde el presidente se iba caminando de la moneda a su casa o se pasaba a tomar una cañita de vino a La Piojera.

Se dejaba en el pasado a los cantores populares o el logo que hace tanto tiempo se ve dibujado sobre la pared “servimos a sus abuelos, hoy a usted, mañana a sus hijos“, pero por sobre todo, se dejaba de lado a los artistas, obreros del barrió, a los jóvenes y a los lanzas, en fin, a todos sus habitantes.

Con un tono de melancolía en sus palabras y un titubeo en los labios que claramente se agrava por los grados de alcohol que tiene en su cuerpo, Juanito asegura que el se habría amarrado a la casona si la hubieran demolido “yo me habría ido con ella”.Son cerca de las 11 de la mañana de un viernes, la capital amanece despejada y parece que la angustia vivida en la última semana poco a poco se comienza a disiparse, al igual que la lluvia. Los primeros rayos de sol hacen avecindar que pronto llegará la primavera. El ambiente en las calles es de alegría porque el drama ya pasó, los malos ratos han quedado en el pasado y las casas se han ido secando.













Daniela Candia and Guido Gutierrez at 8:47 PM

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